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Latinoamérica avanza en la consolidación de los biocombustibles

En los últimos años, hemos sido testigos de hitos transformadores en la industria energética latinoamericana: uno de ellos el avance firme y decidido en la consolidación de los biocombustibles. Este progreso significativo no solo es un reflejo de la capacidad innovadora de la región, sino también un indicador claro de su compromiso con la sostenibilidad, la mitigación del cambio climático y la mejora de la calidad del aire que se respira en las ciudades.

La producción y la demanda de biocombustibles han experimentado un crecimiento exponencial a nivel global, destacándose Latinoamérica como un actor principal en este panorama. Impulsados por su costo-efectividad y su capacidad para servir como una alternativa de alto impacto en la descarbonización del sector transporte, los biocombustibles han ganado terreno como una herramienta clave en la transición hacia energéticos con baja intensidad de carbono. En la actualidad, Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia se posicionan como referentes en el desarrollo y aplicación de esta energía líquida renovable en la región.

Brasil, desde 1977, con el programa Proálcool, ha implementado políticas normativas pioneras, como el mandato de uso obligatorio de etanol en la gasolina, la cual actualmente se mezcla en un 27%. Además, con la introducción del biodiésel en 2005, este país ha consolidado su posición como un referente en la promoción de biocombustibles. Programas como RenovaBio y Combustibles del Futuro demuestran su compromiso con el apoyo normativo que apalanca la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Recientemente, el 1 de marzo entró en vigencia el aumento en el contenido obligatorio de biodiésel en la mezcla de diésel que se vende en Brasil a los consumidores finales, ahora con un 14%.

La industria de biocombustibles en Argentina experimenta un crecimiento notable, impulsada por su riqueza agrícola y su enfoque en la sostenibilidad ambiental. El país, conocido por su liderazgo en la exportación de aceite de soja y maíz, posee una sólida infraestructura para la producción de biodiésel y bioetanol. En la actualidad, este país regula mandatos que oscilan entre el 10% de etanol y un rango del 5 al 12% de biodiésel en las mezclas de gasolina y diesel, reflejando su compromiso con la reducción de las emisiones de carbono y el fomento de fuentes energéticas renovables.

Desde 2001, Ecuador ha mostrado un creciente interés en la producción y uso de etanol como combustible. La introducción de la gasolina con 5% de etanol en enero de 2010 a través del proyecto piloto ECOPAÍS marcó el inicio de esta iniciativa. En 2012, se estableció el primer marco legal para la producción de biocombustibles en el país, aunque no se fijó un volumen específico de etanol para la mezcla. Inicialmente, los mandatos de mezcla de etanol y biodiésel eran voluntarios, con un máximo del 10% y 5%, respectivamente. Actualmente, la mezcla de etanol con gasolina oscila entre el 5% y el 10%, en un esfuerzo por promover un enfoque más sostenible en la matriz energética ecuatoriana.

Finalmente, Colombia, desde hace 20 años, ha forjado una política de biocombustibles arraigada a la promoción de la economía rural y la diversificación energética. Con mandatos de mezcla obligatoria del 10% tanto para biodiésel como para bioetanol, el país busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Paralelamente, el país ha avanzado con programas voluntarios, como el «Club de Biotanqueo», que ofrece mezclas de biodiésel del 20% para más de mil vehículos, destacando su compromiso con la transición hacia fuentes de energía más limpias.

A la luz de lo expuesto, desde Fedebiocombustibles destacamos que, los biocombustibles no solo ofrecen una solución viable para reducir las emisiones contaminantes, sino que también contribuyen al desarrollo económico y social, generando empleo y agregando valor a las cadenas agrícolas locales. En un contexto global de transición hacia una economía baja en carbono, Latinoamérica emerge como una región líder en la producción y uso de biocombustibles, marcando el camino hacia la seguridad energética.

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