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Palabras del Dr. Jorge Bendeck ante el Señor Presidente de la República

Intervención del Doctor Jorge Bendeck Olivella, Presidente Ejecutivo de la Federación Nacional de Biocombustibles de Colombia, en la reunión celebrada el día 17 de marzo del 2011, con la participación del Señor Presidente de la República, el Doctor Juan Manuel Santos, los ministros de Agricultura, Minas y Energía y los Miembros de la Federación.

Imagen tomada de: wsp.presidencia.gov.co

Bogotá, Marzo 17, 2011.

 

 

Señor Presidente, Señores Ministros, distinguidos miembros de la Federación de Biocombustibles.

En el año 2001, aprobó el Congreso de la República la ley 693 llamada del etanol, de origen parlamentario. Se fundamentó en tres pilares que lograron el completo apoyo de los congresistas: Fueron ellos, la disminución de la dependencia del petróleo, en un país que, aún hoy, a pesar de las nuevas tecnologías, sigue caminando por el filo de la navaja del desabastecimiento. La razón por la cual afirmo lo anterior es que la relación entre reservas y producción sigue estando por debajo de los 10 años.

Una nación como la nuestra que le apunta a un desarrollo sostenible más acelerado que el histórico, difícilmente puede hacer planes de crecimiento sin considerar el tema de la energía y, en particular, el de los combustibles, que tienen un verdadero capítulo dentro de los planes de desarrollo de los países, como también las fuentes alternativas como los biocombustibles.

Análisis nos demuestran que los países están apoyando de manera evidente este sector agroindustrial ante el temor de que el petróleo se convierta en un cerrojo que impida cumplir las metas que los pueblos están exigiendo para reducir la pobreza, el hambre y la sed de justicia. Basta mirar los ejemplos de hoy.

Colombia, con sus extensas praderas en los Llanos Orientales y en la costa Caribe, tiene inmensas posibilidades para ser en un gran productor de biocombustibles que, más allá de eso, busca convertirse en una fábrica que consume bióxido de carbono para fabricar oxigeno. Quiero darle a usted señor presidente un dato impactante. Una hectárea de caña de azúcar consume cada año 60 toneladas de bióxido de carbono, el gas efecto de invernadero por excelencia, y produce 40 toneladas de oxigeno, más del doble de lo que produce un área equivalente de bosque amazónico. Lo mismo ocurre con la palmicultura.

Finalizando el año 2004, fue sancionada la ley 939 o ley del biodiesel, de origen gubernamental, impulsando el sueño de ver a Colombia, algún día, sembrada con tres millones de hectáreas de palma, para producir cerca de 12 millones de toneladas de aceite vegetal, la mitad de las cuales, convertidas en biodiesel, pueden reemplazar todo ACPM que consume el país. De la misma manera, con solo 450 mil hectáreas más de caña se podría reemplazar toda la gasolina que consume Colombia y estar en condiciones, ahora sí, de competir, de manera progresiva, por el abastecimiento externo, liberando al país de las ataduras de los hidrocarburos y permitiendo el desarrollo irreversible de regiones hoy deprimidas. Así las cosas, señor presidente, quiero darle una cifra perfectamente demostrable que, como ingeniero de petróleos, aseguro, es real. La producción de 500 mil toneladas de biodiesel de palma al año, que es la actual capacidad instalada en Colombia, equivale al descubrimiento de un campo como el de Caño Limón de 1000 millones de barriles de petróleo, cada 20 años.

La segunda razón que tuvo el congreso para aprobar las leyes fue la ambiental. Está demostrado que los biocombustibles, por no tener los componentes contaminantes de los hidrocarburos, ayudan a mejorar las emisiones y a retrasar el calentamiento global. Es fácil demostrarlo. Los hidrocarburos, desde su extracción hasta su consumo, emiten gases altamente contaminantes que van a la atmósfera. Los biocombustibles, en toda la cadena, emiten bióxido de carbono, pero este, es reabsorbido por los cultivos de caña y de palma para producir, de manera recurrente, las materias primas agrícolas que alimentan las refinerías de biocombustibles. Es, por tanto, un ciclo virtuoso ambiental, lo que gobierna esta hermosa industria. El aire que respiramos es más sano. Los biocombustibles son biodegradables en menos de 28 días. Los hidrocarburos lo hacen en años.

Los insucesos del Japón, que todos lamentamos, obligará, como lo clama el mundo, a una reestructuración de la matriz energética y, allí, los biocombustibles tendrán una oportunidad privilegiada.

La tercera gran razón y que movió el interés del Congreso fue la generación de empleo rural abundante, justamente remunerado y con acceso a la seguridad social de los grupos familiares.

Los cultivos agro energéticos, señor Presidente, como la caña de azúcar y la palma de aceite, si bien pocos aun, dispersos en la geografía de la patria, han venido contribuyendo al desarrollo sostenible de regiones que, de otra manera, continuarían marginadas y en manos de los violentos.

Hoy, señor Presidente, la industria de los biocombustibles, en toda la cadena agroindustrial, genera 23.854 empleos directos y un estimado de 48.000 indirectos, que equivale a decir que 286 mil personas derivan sustento de esta agro industria. Al sembrarse 3,45 millones de hectáreas más, como mencionamos antes, representarían solo el 9,4% de las tierras ganaderas subutilizadas. Esos nuevos cultivos, agregarían a las cifras anteriores, otros 493 mil empleos directos. Si se diseña una política para 10 años, puede usted, señor presidente, dimensionar sus consecuencias, una verdadera evolución social, como ya lo atestiguan las exitosas alianzas productivas en la palmicultura cuyo líder indiscutible es el ejemplar ex ministro Carlos Murgas Guerrero.

Deseamos ser más competitivos a nivel nacional e internacional, pero tenemos una serie de mayores costos entre los cuales existe uno del cual nos sentimos orgullosos, el mayor salario de nuestros trabajadores, en comparación con los de Brasil, Malasia, Filipinas e Indonesia, que, además de la revaluación de nuestra moneda, inciden negativamente en los costos de los biocombustibles. No contamos aquí con el tamaño de los subsidios que productores de materias primas y procesadores reciben en Estados Unidos y Brasil, entre otros. Eso lo sabe usted.

Brasil, sostuvo la producción de etanol por más de treinta años, porque le permitió superar la dependencia del petróleo importado y, ahora, en la bonanza petrolera, sigue empujando esa industria con cerca de 3.5 millones de hectáreas de caña, siempre en crecimiento, de las 7 millones de hectáreas de caña de azúcar sembradas, para alcanzar la meta de sustituir todos los hidrocarburos por biocombustibles. Nosotros, dedicamos solamente 47 mil hectáreas de caña para producir el etanol o 1,43 % del área cultivada en Brasil para estos propósitos, pero que sustituye ya el 8% de las gasolinas que se consumen en Colombia. Somos el segundo productor de etanol del continente latinoamericano después de Brasil, con el 1% vs. 99% de esa nación, que tiene una mezcla obligatoria etanol-gasolina del 23-25%, y una mezcla voluntaria que se acerca ya al 50%.

Conoce usted señor Presidente, el programa de siembra de palma de aceite en ese país. Diez millones de hectáreas en diez años, es decir un millón de hectáreas año, básicamente, para la producción de biodiesel y para convertirse en el más importante exportador de ese aceite comestible.

Nosotros, rompiendo todos los records y gracias al apoyo del gobierno nacional, hemos logrado sembrar hasta 30 mil hectáreas por año, cargando con los altísimos costos de múltiples enfermedades que han destruido el trabajo de muchos, como es el caso de Tumaco, Valle medio del Magdalena y los Llanos orientales. Sin embargo, ya se sustituye el 8.5% del ACPM que consumimos en Colombia, con el aporte de 116 mil hectáreas de palma dedicadas a suplir la necesidades de esta a materia prima a las refinerías productoras de biodiesel.

Los precios que el gobierno nacional establece mensualmente para los biocombustibles están estructurados teniendo en cuenta, básicamente, el valor de la materia prima y una suma fija que es el costo de transformarla en biocombustible.
En otras palabras, señor presidente, los productores de biocombustibles somos solo transformadores que debemos recurrir al mercado para comprar dicha materia prima, mercado que se rige por la oferta y la demanda, sin importar que, en alguna proporción, haya verticalización industrial.

Surge la pregunta de por qué Brasil puede producir etanol a menor precio que nosotros. Lo hemos investigado a fondo porque los procesos son similares, pero los costos de su materia prima y de su transformación son, sensiblemente, menores. ¿Por qué? Por razones de escala, de los inmensos cultivos, por su mecanización y su transformación en grandes volúmenes. Ahora, las refinerías se construyen para un millón de litros diarios, que es la capacidad de producción actual de Colombia. Ahí está la diferencia y a eso llegó esa nación después de varias décadas.

Nosotros estamos apenas dando los primeros pasos y necesitamos la certeza de que las normas que nos rigen permanezcan estables, mientras maduramos para ser competitivos, que es lo único que hará que, en el mediano y largo plazo, nuestra industria sea sostenible, como lo señala el documento CONPES 3510.

Para terminar, señor presidente, la certeza en la estabilidad normativa invitará a los inversionistas nacionales y extranjeros a creer en Colombia, así como urge diseñar una política agrícola para alcanzar niveles de siembra superiores con productividades mucho mayores que las actuales, en particular, en el caso de la palma, apoyando con generosidad la investigación. Creemos, que las ayudas gubernamentales deben estar dirigidas a desarrollar regiones con vocación agroindustrial dejando de lado las que se otorgan de manera indiscriminada.

Como lo expresa el Dr. Jorge Cárdenas Gutiérrez, presidente de nuestra Junta Directiva, “esta es la agroindustria que Colombia estuvo esperando por 50 años, para convertir una espranza que parecía no llegar, en la realidad de una patria más grande y en paz.”

Nosotros creemos en ello y su ayuda, señor presidente, invitando a invertir en esta industria, es fundamental para lograrlo. Muchas gracias

 

COMENTARIOS DEL SEÑOR PRESIDENTE


En larga entrevista, el señor Presidente, quien siguió en detalle la lectura del anterior documento, hizo 14 preguntas que fueron respondidas por algunos de los asistentes como los señores ministros de Agricultura Juan Camilo Restrepo, de Minas y Energía Carlos Rodado Noriega, los señores ex ministros Luis Ernesto Mejía Castro, Carlos Murgas Guerrero y Luis Fernando Londoño Capurro, así como Jorge Cárdenas Gutiérrez, ex presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, Amylkar Acosta Medina, ex presidente de la Sociedad Colombiana de Economistas y ex presidente del Congreso de la República, Harold Eder, presidente de Manuelita y Mauricio Acuña, presidente de Palmasol.

El señor Presidente destacó la importancia del sector de los biocombustibles como apalancador del desarrollo regional y la generación de empleo rural. Reconoció que, en Colombia, los biocombustibles no compiten con los alimentos, por varias razones, entre las que destacó la de uso de suelos hasta hoy subutilizados por una ganadería extensiva, permitiendo la ampliación de la frontera agrícola del país, sin quitarle áreas actualmente usadas para producir alimentos, como tampoco siquiera un metro cuadrado a los bosques, a las zonas de reserva y a las selvas de Colombia.

El señor Presidente, consideró importante mantener las reglas de juego de la industria que apenas está dando sus primeros pasos. 


 

 

Fuente : Fedebiocombustibles 23/03/2011

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