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Innovación y sostenibilidad en la agroindustria de la palma de aceite en Colombia

Palabras de Instalación del Dr. Jens Mesa Dishington, presidente de Fedepalma en la XIX Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite en Cartagena.

Reciban todos un caluroso saludo y una cordial bienvenida a la XIX Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite. Nos reunimos una vez más en este espacio de encuentro de la palmicultura del continente americano, que nos permite compartir los principales avances y hechos relevantes de la agroindustria de la palma de aceite, y que además hace posible reencontrarnos con colegas y amigos. Esta conferencia tiene el honor de recibir hoy alrededor de 1.600 asistentes, de 26 países y cuatro continentes.

Nos acoge una vez más la emblemática Cartagena de Indias, la “Heroica”, uno de los destinos turísticos más importantes del país y con amplio reconocimiento a nivel mundial por su arquitectura, que conserva tanta historia, por sus hermosos paisajes, por las delicias de su gastronomía y por la calidez de su gente. Como bien recoge el encanto de la ciudad una conocida canción colombiana: “Noches de Cartagena que fascinan, con el suave rumor que lleva el mar, donde la brisa cálida murmura toda una serenata tropical.”

Durante los próximos tres días abordaremos, desde distintas perspectivas, dos conceptos fundamentales para este sector, como son la innovación y la sostenibilidad, en virtud de los enormes retos y oportunidades que enfrenta la agroindustria de la palma de aceite de América y a nivel mundial, en un mercado globalizado, interdependiente y cada vez más competitivo.

La palma de aceite en América
Sin ninguna duda, la palma de aceite, por ser la más eficiente de las oleaginosas, es una de las llamadas a atender la creciente demanda mundial de aceites vegetales; ser ya la principal fuente de estos aceites tiene un protagonismo natural y América tiene grandes oportunidades para aumentar su participación en el mercado mundial del aceite de palma.

América hoy día representa el 7% de la producción mundial de aceite de palma, siendo el segundo continente en producción, con 4,9 millones de toneladas, mostrando un crecimiento de más del 100% en la última década. Asia sigue siendo la principal región productora, con el 88%. Para 2018, se estima que la producción de Indonesia, primer productor mundial, será de aproximadamente 38 millones de toneladas; y Malasia, segundo productor, 21 millones; Tailandia, tercero en el mundo, 2,8 millones; mientras en Colombia, principal productor de América y cuarto mundial, se esperan 1,6 millones.

Dentro del continente americano, Centro y Sur América han tenido una dinámica de crecimiento importante en su producción de aceite de palma. En la actualidad, Suramérica contribuye con el 60% de la producción del continente, en tanto que Centroamérica, que ha aumentado su participación, aporta el restante 40%.

Sin embargo, América sigue siendo deficitaria en aceite de palma, lo que representa una gran oportunidad para mejorar la colocación del aceite de origen americano, al interior de los países productores y en el resto del continente, como es el caso del mercado de los Estados Unidos, que viene demandando de manera creciente aceite de palma. Si bien hay un reto grande en cuanto a competir con los grandes productores asiáticos para acceder a este mercado, los palmicultores latinoamericanos podemos llegar a aprovechar nuestras ventajas en términos de localización, calidad y, por qué no, de sostenibilidad. Si logramos incrementar el consumo per cápita de aceite de palma de América, de 5,1 kg al promedio mundial de 9,1 kg, esto significaría un incremento en el consumo de 3,9 millones de toneladas.

Es importante no perder de vista el gran desafío que tiene el aceite de palma por cuenta de la mala imagen y de las campañas detractoras contra él, en gran medida en el mercado europeo, pero que también están permeando otros mercados, incluso en los países productores. Bajo unas consideraciones de índole ambiental, social y del producto, se están fortaleciendo cada vez más los movimientos en contra del aceite de palma, al punto de que, si no unimos fuerzas y tomamos acciones contundentes, se perderán mercados de gran relevancia, lo que llevaría a una reestructuración de los flujos del comercio mundial del aceite de palma, que seguramente comprometerían el futuro económico de muchos productores.

Es claro que como países productores estamos llamados a contarle al mundo los enormes beneficios y cualidades del aceite de palma, así como el aporte de esta agroindustria a la superación de la pobreza y al progreso de miles de agricultores en el mundo. Tenemos un producto maravilloso y debemos posicionar su consumo en América. Al final de esta jornada, tendremos la oportunidad de compartirles lo que está haciendo Colombia en este sentido: el aceite de palma es natural, es saludable, es vida.

Es por esto que quiero reiterar a nuestros colegas de América Latina, la importancia de impulsar la consolidación del Consejo Latinoamericano de Cultivadores y Productores de Aceite de Palma, ConLAPalma, para que con una institucionalidad regional fortalecida, logremos sinergias para la defensa y el posicionamiento de nuestro aceite de palma.

De igual manera, la región debe articular esfuerzos con otros países productores, siendo de la mayor relevancia instar a los gobiernos de cada uno de los países productores de América a adherirse a la iniciativa intergubernamental del Consejo Mundial de Países Productores de Aceite de Palma (CPOPC por sus siglas en inglés).

La palma de aceite en Colombia
Volvamos la mirada ahora hacia Colombia, que conserva su lugar como el país líder en la producción de aceite de palma en América, contribuyendo con 34% en la región y con el 2,4% de la producción mundial. En la última década, la producción colombiana de aceite de palma ha crecido a una tasa promedio del 9,2% y en 2017 alcanzó un crecimiento récord de 42% respecto al año anterior, lo que refleja su gran dinamismo. Actualmente, la producción de los aceites de palma y de palmiste supera los 1,7 millones de toneladas anuales y, con la maduración del área ya sembrada esperamos muy pronto superar los 2 millones de toneladas.

En 2017, el valor de la producción palmera en Colombia, que suma el aceite de palma crudo y la almendra de palma, fue de USD 1,2 billones. Esto lo ubicó a nivel país como el segundo producto dentro de los cultivos permanentes y en el sexto renglón en generación de valor en el sector agrícola. De acuerdo con estimaciones de Fedepalma, esta producción logró una participación del 11 % en el PIB agrícola colombiano. En cuanto al área sembrada, el cultivo de la palma de aceite en Colombia abarca más de 530 mil hectáreas. De acuerdo con el Censo Agropecuario del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), realizado en 2015, la palma de aceite es el segundo cultivo con mayor extensión en área sembrada en Colombia, después del café.

Hoy día, el sector palmero colombiano exporta más de la mitad de su producción, siendo la Unión Europea su principal destino. En 2017 ocupó el quinto lugar en el ranking de productos agropecuarios de exportación y fue el segundo producto con mayor aporte al crecimiento de las exportaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas. Esta realidad pone de presente que el futuro de nuestro sector estará cada vez más enfocado en los mercados externos, lo cual nos impone retos adicionales, los cuales debemos superar en muy corto tiempo.

Si bien las cifras que acabo de mencionar ilustran la dinámica que ha tenido este sector en los últimos años, no podemos dejar pasar la difícil coyuntura económica por la que atraviesa la palmicultura colombiana, la cual se explica, primordialmente, por los siguientes factores.

El primero, la disminución en la producción de los aceites de palma, que para 2018 caerían un 12%; esto asociado en gran medida a razones climáticas. El segundo, la caída significativa de los precios internacionales, que han disminuido 20% en lo corrido del año. El tercero, explicado por la política errática del Gobierno Nacional en materia de biocombustibles, lo que se ha reflejado en la lenta consolidación de la mezcla de biodiésel y en las confusas señales de precios, que no siguen al mercado y que han generado grandes pérdidas de ingresos para el sector. Por último, está el incremento desmedido de las importaciones, principalmente de Ecuador, que ha forzado a aumentar nuestras exportaciones, impactando en el ingreso del sector. Lo anterior se relaciona con el hecho de que continuamos con una tasa de cambio revaluada que afecta la competitividad de muchos productos del agro colombiano, a lo que se suman otras distorsiones tributarias que favorecen el ingreso desordenado de aceite de palma a un mercado totalmente excedentario como el colombiano.

Este panorama pone de presente la importancia de contar con políticas públicas que generen un entorno competitivo y confiable para el desarrollo de la agroindustria de la palma de aceite, que acompañen los esfuerzos que vienen realizando los palmicultores en términos de la sostenibilidad social, ambiental y económica. De igual manera, es claro que, frente a la gran volatilidad del mercado, los productores debemos estar mejor organizados, con un enfoque empresarial y generando capacidades para enfrentar los ciclos de precios del negocio.

Compromiso con la sostenibilidad
En cuanto a la sostenibilidad social, la Primera Gran Encuesta del Sector Palmero, realizada por Fedepalma y el DANE en 2017, encontró resultados que posicionan al sector palmero como uno de los mayores generadores de empleo formal y de calidad en el campo colombiano. Los datos muestran un nivel de formalidad en el empleo directo de 82,4% y un ingreso promedio de 1,5 veces el salario mínimo mensual. Estas condiciones son muy superiores a las que predominan en el campo colombiano, en el cual la informalidad está alrededor del 86%. El total de empleos generados por esta agroindustria, entre directos e indirectos, es de 170 mil.

Por otra parte, el sector palmero colombiano también es ejemplo de negocios inclusivos. De los más de 6 mil palmicultores, alrededor de 5 mil, poco más del 80%, son pequeños productores. Buena parte de ellos forman parte de casi 140 modelos asociativos y de negocios inclusivos en los que confluyen pequeños, medianos y grandes productores. Estos negocios han contribuido a que los pequeños productores mejoren sus ingresos y su calidad de vida; accedan más fácilmente al crédito y a los incentivos; incrementen su capacidad de negociación y de comercialización; y mejoren su organización y sus capacidades empresariales.

Estas condiciones de la agroindustria han contribuido significativamente a la superación de la pobreza a nivel rural. No sobra recordar que, según un estudio realizado por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) en 2016, al comparar los municipios más afectados por el conflicto armado y donde existe el cultivo de palma de aceite, frente a los municipios con el mismo nivel de conflicto pero que no tienen cultivos de palma, el ingreso per cápita de los primeros supera en 30 % el de los municipios no palmeros. A esto el DNP le llamó el Dividendo Social de la Palma. Es por esto que tanto el Gobierno, como organismos multilaterales y ONG’s vinculados a la búsqueda de soluciones para el pos conflicto, consideran que la palma de aceite es uno de los cultivos con mayor potencial y oportunidades para la sustitución de cultivos y otras actividades ilícitas y la generación de ingresos estables para las poblaciones altamente afectadas por el conflicto.

En materia ambiental, hay evidencia de que el cultivo de la palma de aceite se ha desarrollado en Colombia con un impacto mínimo en deforestación. Así lo evidencian estudios realizados por las universidades de Duke y de Puerto Rico, en los que analizaron dicho impacto para la expansión del cultivo en los períodos 1989-2013 y 2001-2014. Para ratificar su compromiso con la cero deforestación, a finales de 2017, Fedepalma y varios de sus principales afiliados suscribieron el Acuerdo de Voluntades para la Deforestación Cero en la Cadena de Aceite de Palma en Colombia, al que se unieron también el Gobierno Nacional y diversas ONGs, bajo el auspicio del Reino Unido, Alemania y Noruega.

Los palmicultores colombianos tienen la oportunidad de cumplir este compromiso y seguir desarrollando sus plantaciones con un uso sostenible del suelo. Colombia cuenta con una frontera agrícola de más de 40 millones de hectáreas, de las cuales no alcanza a aprovechar un 20%. En lo concerniente a la palma de aceite, la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) identificó que dentro de esa frontera existen más de 23 millones de hectáreas con diferentes grados de aptitud para desarrollar comercialmente el cultivo de la palma, sin deforestar, esto es el 57% de la frontera agropecuaria, y de ellas, 5,2 millones tienen una aptitud alta.

Este cultivo, además, ha mostrado que puede ser compatible con la conservación de la biodiversidad. Recientemente finalizamos el proyecto “Paisaje Palmero Biodiverso – PPB”, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial de Naciones Unidas (GEF por su sigla en inglés), el cual fue ejecutado por Fedepalma en asocio con Cenipalma, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Instituto Alexander Von Humboldt. Este proyecto, que tuvo lugar entre 2012 y 2018, nos dejó valiosos instrumentos y experiencias exitosas para el manejo de áreas con alto valor de conservación en regiones palmeras; la planificación y el diseño de proyectos palmeros en armonía con su entorno natural; y la adopción de buenas prácticas con enfoque agroecológico, por mencionar algunos. El reto ahora está en difundir estas herramientas y replicar los mensajes en las distintas zonas palmeras del país, con el concurso activo de los núcleos palmeros e involucrando otros actores del orden regional.

Ahora bien, la sostenibilidad social y ambiental necesariamente deben ir acompañadas de la sostenibilidad económica y, en este sentido, los productores deben esforzarse continuamente por aumentar su eficiencia. La palmicultura colombiana ha venido nuevamente aumentando su productividad promedio país, la cual alcanzó 3,8 toneladas de aceite de palma crudo por hectárea en 2017, superando levemente el promedio mundial. Sin duda, este indicador es un resultado positivo que capitaliza muchos aprendizajes y conocimiento de más de cinco lustros de investigación y extensión, así como de la organización de los productores alrededor de los conglomerados que hemos denominado núcleos palmeros.

Sin embargo, existen aún retos importantes en cuanto al cierre de brechas de productividad entre los distintos tipos de productores, en especial de los pequeños palmicultores. Para 2023, nos hemos trazado la meta de avanzar a una productividad promedio de cinco toneladas de aceite de palma por hectárea, pues sabemos que tenemos la tecnología para hacerlo, pero falta todavía adoptarla plenamente por parte de muchos productores.

Para avanzar en este propósito, no podemos perder de vista que este es un negocio que debe estar respaldado por un modelo empresarial y agroindustrial incluyente, en el que prime el enfoque gerencial y de mercado, que permita lograr economías de escala, eficiencias y una mayor agregación de valor.

Los logros alrededor de la sostenibilidad, han permitido que los palmicultores colombianos sigamos avanzando en el camino de certificarse en estándares sostenibles. A agosto de 2017, once empresas con planta extractora, que contribuyen con el 14% de la producción de aceite de palma del país, ya contaban con la certificación RSPO. Están por certificarse otras 23 en RSPO y algunos han avanzado en otras certificaciones como ISCC y Rainforest Alliance, por lo que nuestra meta es que en menos de dos años el 50% del aceite de palma colombiano tenga una certificación de sostenibilidad.

Y cierro este aparte de la sostenibilidad resaltando que, en junio de 2017, dimos inicio al Programa de Aceite de Palma Sostenible de Colombia. Este programa va a demandar el concurso, el esfuerzo y los recursos de distintos actores públicos y privados, de manera que se puedan articular las acciones de todos los stakeholders del ecosistema de la palma de aceite y así poder aprovechar la oportunidad de posicionar frente a los colombianos y frente al mundo nuestra producción de aceite de palma sostenible.

Esta evolución del sector palmero colombiano ha ido de la mano de una institucionalidad que se ha fortalecido con los años. Fedepalma, con más de 55 años de existencia, con el trabajo mancomunado de sus afiliados, de su Junta Directiva y de todo su equipo, ha llevado a que sea reconocida como uno de los gremios agropecuarios más sólidos y representativos del país.

Y uno de los principales hitos a nivel institucional para el sector, ha sido la creación y consolidación del Centro de Investigación en Palma de Aceite, Cenipalma, que cuenta ya con más de 25 años de existencia y se ha posicionado como uno de los centros de investigación líderes en el sector agropecuario colombiano y como un referente en tecnologías para la palma de aceite y su procesamiento a nivel nacional e internacional.

Compromiso con la innovación
Cenipalma se creó en su momento atendiendo la necesidad de encontrar soluciones a la difícil problemática sanitaria del cultivo, asociada en gran medida a la Pudrición del cogollo. Esta enfermedad ha llevado a que Colombia haya perdido alrededor de 100 mil hectáreas de palma en lo corrido de este siglo y hoy día sigue siendo un reto importante para nuestro sector.

Sin embargo, aunque la problemática aún existe, en estos cinco lustros, Cenipalma ha alcanzado logros de gran magnitud, entre los que se destacan la identificación de Phytophthora palmivora como agente causal de la enfermedad, instrumentos para facilitar la detección oportuna y protocolos de manejo, e importantes avances en la búsqueda de genes de resistencia a la enfermedad; así como la identificación y el manejo de los factores asociados, como lo son temas de nutrición y manejo del agua.

Los logros alrededor de esta enfermedad son una clara muestra de la importancia de la investigación e innovación tecnológica y de que sus resultados pueden llegar a generar impactos de gran envergadura. Esto fue bien evaluado y documentado en un estudio realizado por el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales (CRECE) en 2017, el cual encontró que los beneficios obtenidos son significativamente mayores a los costos que ha asumido el sector, pues por cada peso que los palmicultores han invertido en la lucha contra la PC, han recibido tres pesos de retorno.

Esta cifra de beneficio-costo es un estímulo, no solo para que el sector palmero colombiano siga apostándole a la ciencia, la tecnología y la innovación, sino para que nuestros colegas palmicultores de América se comprometan a apoyar este tipo de iniciativas en sus propios países, lo cual demanda esfuerzos colectivos y visión de largo plazo. Para el caso colombiano, por casi un cuarto de siglo los palmicultores han realizado aportes significativos al Fondo de Fomento Palmero, más recientemente por el 1,5% del valor de sus ventas brutas, de los cuales han destinado tres de cada cuatro pesos a los programas de investigación y extensión. Esto suma alrededor de USD120 millones en poco menos de 25 años.

Ahora bien, el rol de Cenipalma no se ha limitado a la búsqueda de soluciones para la PC. Por supuesto, se ha orientado a apoyar el conocimiento y manejo de otras enfermedades y plagas que azotan a la palma de aceite; aquí podemos mencionar, a modo de ejemplo, los avances en materia del Manejo Integrado de Plagas, con tecnologías que involucran el manejo de entomopatógenos, que además de contribuir al control de plagas ofrecen alternativas más sostenibles ambientalmente.

De igual manera, se ha avanzado en la generación de conocimientos y tecnologías que aumenten la productividad de la agroindustria. En fitomejoramiento, se han logrado resultados claves en la identificación de genes de resistencia a enfermedades y a las condiciones adversas al cultivo, y después de dos décadas de estas investigaciones, Cenipalma está ya en la etapa final de la obtención de estos nuevos materiales.

Se ha ganado también amplio terreno en el conocimiento del manejo del híbrido OxG. Somos conscientes de que la producción a partir de estos materiales es un negocio distinto, pero también de que tiene un gran potencial para posicionar el aceite de palma OxG alto oleico como el aceite de las Américas.

Y sea esta la oportunidad para resaltar un hito de la investigación de Cenipalma, fruto del trabajo de más de cinco años, en materia del híbrido OxG: el desarrollo de un fitorregulador que cambiará drásticamente la productividad de este cultivo, gracias a su uso en la polinización artificial, cuyo impacto económico estimado hoy puede alcanzar los 50 millones de dólares anuales. En unas pocas horas podrán conocer más de esta tecnología.

Todo esto apunta al desarrollo de mejores prácticas para cultivos de alto rendimiento. Con la tecnología disponible, hoy en día es posible pensar en plantaciones que superen las 30 toneladas de racimos de fruto fresco por hectárea, lo que equivale a 7 toneladas o más de aceite de palma crudo por hectárea, por año.

Estos logros en cuanto al manejo del cultivo, se han venido complementando con tecnologías orientadas a mejorar la productividad en las plantas de beneficio. Un claro ejemplo es la generación de una metodología, en la que hemos venido trabajando, para la medición en línea del potencial de aceite, que permitirá valorar de manera precisa la calidad de la fruta procesada y se podrá constituir en un criterio de compra objetivo que reconozca los esfuerzos realizados en plantación.

Gracias al apoyo técnico de Cenipalma, el sector palmero colombiano pudo gestionar exitosamente la creación del Programa Nacional de Biodiésel de Palma, siendo hasta el momento el más importante en su género en América. Este programa ha sido una pieza clave para el crecimiento del cultivo y para mejorar las condiciones de comercialización; hoy día Colombia consume más de 450 mil toneladas de aceite de palma crudo para la producción de este biocombustible. En este sentido, esta también es una invitación a nuestros colegas de Latinoamérica para que vean en los biocombustibles una oportunidad de crecer y de contribuir a la sostenibilidad del continente. Si los países latinoamericanos tuvieran mandato de mezcla de biodiésel, por ejemplo, de B10, se generaría una demanda adicional de 2,7 millones de toneladas de aceites vegetales.

Sin embargo, el desarrollo del mercado del biodiésel de palma es solo una de las múltiples opciones de agregación de valor. La palma de aceite tiene todas las posibilidades de desarrollar su cadena de valor bajo los conceptos de la economía circular y de la bioeconomía. Esta agroindustria puede estar presente en ocho clústeres (petroquímica, transporte, elementos de oficina, textiles y confecciones, aseo y hogar, cuidado personal, entretenimiento, y alimentos y bebidas), uno más que los que abarca el petróleo. A esto se suma la posibilidad de generación de energía eléctrica.

Fedepalma y Cenipalma han trabajado en crear y adaptar tecnologías para el uso óptimo de la biomasa como fuente de energía, para el consumo de las plantas de beneficio y para las comunidades en las zonas palmeras. Nuestro potencial actual de generación de energía eléctrica, con las 67 plantas de beneficio que operan en el país, se estima en los 340 MW. A futuro, con la capacidad de proceso y el crecimiento esperado de la producción de fruto de palma, y por ende de la biomasa, el potencial de generación de energía eléctrica de la palmicultura colombiana podría superar los 500 MW.

Por otra parte, hemos avanzado en evaluar otras opciones para el aprovechamiento de la biomasa, con opciones de biorrefinería, como la producción de pellets para aumentar la eficiencia de la generación de energía en las plantas extractoras, y la producción de bio líquidos y bio carbón.

En cuanto a usos del aceite de palma, Colombia está progresando en el desarrollo de bioasfaltos que incorporan aceite de palma crudo y hoy en día contamos con algunos tramos de prueba construidos con nuevas mezclas tibias. También ha habido avances en la producción de vitaminas y fitonutrientes.

La búsqueda de la sostenibilidad y de la innovación, han llevado a que la agroindustria de la palma de aceite colombiana contribuya con 12 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Los impactos mencionados en términos de generación de empleo formal y digno, de negocios inclusivos y de incremento del ingreso de las regiones, le apuntan al fin de la pobreza; a trabajo decente y desarrollo económico; a reducción de la desigualdad; y a paz, justicia e instituciones sólidas.

En lo ambiental, el uso sostenible y eficiente que se ha dado a la tierra, el respeto por la biodiversidad y por los ecosistemas, y las mejores prácticas de producción, le aportan a producción y consumo responsables; a acción por el clima; y a vida de los ecosistemas terrestres.

Los logros en agregación de valor, en temas como nuevos usos y productos, en la producción de biodiésel y en la generación de energía eléctrica a partir de la biomasa, contribuyen con energía asequible y no contaminante; industria, innovación e infraestructura; y ciudades y comunidades sostenibles.

A esto se suma el aporte que el aceite de palma, gracias a las propiedades nutricionales y funcionales que ustedes bien conocen, hace a la lucha por lograr hambre cero, y a salud y bienestar de la población.

Si bien nos entusiasman los adelantos que hemos resaltado, a los que ha contribuido el gremio, tenemos por delante muchos retos.

El lema de esta conferencia “Innovación y sostenibilidad en palma de aceite: nutriendo personas y protegiendo el planeta”, pone de presente la simbiosis que debe haber entre estos dos conceptos y la importancia de seguir generando conocimientos y tecnologías que permitan desarrollar la agroindustria de la palma de aceite de forma sostenible.

No podemos perder de vista enfoques como adaptación al cambio climático, economía circular y bioeconomía. Debemos ser innovadores, disruptivos y realizar esfuerzos importantes para aprovechar el potencial que tiene la palma de aceite. Pero esto demanda el compromiso de los productores y de sus respectivos gobiernos, que se debe materializar en la disponibilidad de recursos para hacer investigación y desarrollo, y en el fortalecimiento de una institucionalidad que la respalde.

En Colombia, Cenipalma ha construido un activo muy importante para el sector palmero, que yo resumiría en una palabra “confianza”. Esto es algo que, por nuestra experiencia, podemos decir que puede hacer la diferencia en el crecimiento sostenible de la palmicultura de un país.

Por último, quisiera compartirles un aparte del informe del Índice Global de Innovación de 2017, del Johnson College of Business de la Universidad de Cornell, que plasma muy bien la importancia de la innovación en el agro y que está muy en la línea del tema central del evento:

“La innovación no está limitada a las economías más avanzadas. Tampoco está limitada a los sectores de alta tecnología. La innovación se ha vuelto hoy un fenómeno global, que afecta todos los sectores de la economía, incluyendo el de agricultura y alimentos, que está entre los sectores más antiguos y básicos. Alimentar el mundo, contribuyendo a proteger el ambiente y ofreciendo nutrición balanceada y de calidad a las crecientes poblaciones, con diferentes estilos de vida y patrones de consumo, implica un desafío complejo. La innovación juega un rol clave en la orientación de este desafío.”

Esperamos que la agenda que les tenemos preparada en esta XIX Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite sea de su agrado y provecho.

Muchas gracias y bienvenidos todos!

Jens Mesa Dishington, Presidente Ejecutivo de Fedepalma,
26 de septiembre de 2018, Cartagena de Indias, Colombia

Fuente : Prensa Fedepalma – Cenipalma

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