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Transmilenio: ¿Diesel, gas o baterías?

Con sobradas razones e inquietudes, mucha gente se pregunta cómo será técnicamente la reposición de los 1.450 buses de las primeras generaciones de aparatos que han servido en Transmilenio.

Como era de esperarse, la licitación está claramente definida para que los nuevos vehículos sean los mejores ambientalmente y, por ende, admite propuestas para buses eléctricos o que usen gas en vez de ACPM.

La norma de emisiones que deberán cumplir los nuevos buses con motores térmicos es la llamada Euro V, que es el nivel bajo, el cual opera el transporte en Europa y tiene su equivalencia en las reglas EPA de los Estados Unidos. Imperdonable que no fuera así. Al respecto, más allá de este capítulo distrital, hay un compromiso a nivel mundial del gobierno en los pactos que ha suscrito que promueven el aire limpio en el mundo.

La licitación otorga puntos de bonificación a los proponentes que ofrezcan otras tecnologías como la electricidad o el gas, pero varios de esos gremios ya han dicho que el factor diferenciador es muy pequeño en comparación con los beneficios de emisiones que tendrían sus motores con gas o los cero emisiones de baterías.

Es muy fácil predicar, escribir y especular sobre estos temas. Todo el mundo quisiera eléctricos, pero resulta que estos buses son muchísimo más costosos y traerlos y operarlos significaría que la rata de las tarifas actuales no sería sostenible para ese nuevo esquema financiero. Por otra parte, el tiempo que toma recuperar las baterías y hacer las debidas estaciones en los patios de descanso de los buses suben aún más los costos, y no hay buses eléctricos biarticulados, que serán el 67 por ciento de la nueva flota, cosa que tiene mucho sentido, pues cada tren de esos lleva 250 pasajeros, 100 más que los articulados sencillos. Hoy, solo hay diez dobles y sus beneficios y eficiencia están comprobados. No hace falta ir a Harvard para simplificar estas cuentas.

Concejales de Bogotá han propuesto que para pavimentar estos obstáculos sea el Distrito con su plata el que ponga las estaciones de carga con los costosos aparatos extrarrápidos, y esto nos lleva al latente debate mundial: todos los gobiernos quieren imponer motores más limpios y ojalá cero emisiones. La industria del automóvil y el transporte los tiene listos e inventados (en Bogotá ya hubo trolleys y tranvías que daban gran servicio), pero exige que sean las ciudades las que pongan los abastecimientos, pues su negocio no es la energía ni tienen los fondos para instalar redes mundiales que soporten genéricamente los vehículos en los cuales no hay tecnologías comunes ni universales. ¡Cada marca tiene sus propios enchufes!

En cuanto al gas, los motores que queman el aire con este combustible más limpio son porcentualmente más costosos y tienen menos potencia comparados mano a mano con los diésel. Con este combustible surge de nuevo el tema de la recarga, porque es muy lenta y se necesitan estaciones con compresores monumentales para surtir los cilindros de los buses, que aumentan su peso en detrimento de la capacidad de pasajeros. La industria del gas ha dicho que estaría en condiciones de apoyar financieramente estas enormes inversiones, pero a cambio de tener una mayor diferencia en los puntajes calificadores en la licitación que, desde otro punto de vista, los haría ganadores de antemano, lo cual tampoco es el juego.

Transmilenio dice que aunque ese puntaje por la bonificación ambiental es bajo, sí hace el desempate, y esto es verdad, porque en materia de motores térmicos, todos los proponentes ofrecerán básicamente lo mismo, pues están más que inventados y no sería presentable que la escogencia se diera por las ventajas financieras únicamente.

Hay otro factor, de cosecha personal y que es duro de escribir. En nuestro país, por más paz que haya, existen terroristas que siguen volando torres de energía y taladrando oleoductos, y podrían hacerlo en gasoductos. Amarrar todo el transporte público de una ciudad a esos insumos tan vulnerables e insustituibles en el tiempo y volumen que requeriría suplir una emergencia por un atentado terrorista es un riesgo a ponderar. Que no tiene puntaje, claro está, y no se puede expresar en un pliego de licitaciones, pero juega conceptualmente.

Y llegamos al diésel. Motores Euro V no es un avance, sino un descuento en el atraso tecnológico del transporte pesado del país, más allá del urbano para pasajeros, porque los camiones y la industria también aportan al humo negro y a las partículas nocivas. Pero es inconcebible que no se diga una sola palabra en Ecopetrol ni en la dizque genial y ultramoderna instalación de Reficar sobre mejorar el combustible, que es un enemigo de esos nuevos motores y cuya formulación presente nos tiene en el escenario de los buses chimenea.

Si el jarabe sigue siendo malo, y no hay planes para modernizarlo, no bastan los motores avanzados, que le quedarán grandes tecnológicamente al país.

Fuente : www.motor.com.co - José Clopatofsky

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Biodiésel Vigencia:
De: 10/11/2018 A: Actualmente
Resolución:
41141 del 09 de Noviembre de 2018
  • Precio galón: $9.532,46
  • Precio litro: $2.518,48 (0,82 USD)
Etanol Vigencia:
De: 11/11/2018 A: Actualmente
Resolución:
41141 del 09 de Noviembre de 2018
  • Precio galón: $7.228,15
  • Precio litro: $1.909,68 (USD 0,62)

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